Biodigestores

Los biodigestores son contenedores que producen abono natural y biogás a partir de deshechos orgánicos, tanto excrementos de origen animal y humano como restos vegetales. Estos residuos se reciclan conviertiéndose en energía y en fertilizantes para su uso en las tareas del campo, por lo que es un método de ahorro energético ideal para zonas rurales o para países en vías de desarrollo.

Los contenedores se utilizan sobre todo en el tratamiento de excrementos de ganado bovino y porcino, ya que ambos generan biogás en una mayor medida. Se pueden usar tanto para emitir energía térmica como eléctrica. En principio, la inversión en estas máquinas es alta, debido a los costes de instalación y puesta en marcha, pero en los últimos años ha ido disminuyendo gracias al abaratamiento de los materiales de construcción de los mismos, que suelen ser plástico y polietileno. Es por ello, que en este tipo de máquinas la variedad de modelos es muy amplia, llegándose a conocer en torno a unas setenta, lo que da amplio margen a la hora de instalarlas y poder hacer frente a los costes.

Con mucho, las ventajas superan los inconvenientes. Entre las primeras, podemos destacar que se trata de infraestructuras que benefician el medio ambiente y que salen económicas a largo plazo. La producción del biogás, por ejemplo, permite que se cocinen los alimentos de forma sencilla y segura, y evita la deforestación de los bosques por la tala de árboles para producir leña. De igual forma, se aprovechan los residuos y se evita su vertido indiscriminado a ríos, por lo que las aguas no se contaminan. Así, se descartan los malos olores de las aguas residuales, al mismo tiempo que las enfermedades que se propagan por virus o bacterias. A la hora de aplicarlo a la agricultura, se ha demostrado una mejora destacable en el abono natural generado, muy rico en nutrientes como nitrógeno, fósforo, potasio o magnesio, los cuales son absorbidos directamente por las plantas, lo que aumenta sus propiedades para las mismas.

De todas formas, también se han descrito algunos inconvenientes de estos métodos, como por ejemplo, la necesidad de que se mantengan a una temperatura constante de 35 grados centígrados, lo que puede encarecer su uso en gran medida en las zonas de clima frío. También pueden darse riesgos de explosión de los contenedores si no se cumplen rigurosamente todas las medidas de seguridad que se exigen, lo cual muchas veces no suele ocurrir sobre todo si se instalan en zonas pobres y subdesarrolladas. Estas normas deben también cumplirse para evitar la generación de sulfuro de hidrógeno, un gas tóxico y corrosivo que puede llegar a envenenar el ambiente.

Entre los países de la Comunidad Europea todavía no ha calado el uso de los biodigestores, pero en otros como China se ha disparado su uso, por las numerosas ventajas anteriormente descritas. En este país oriental, hay aproximadamente unos siete millones de biodigestores en las zonas rurales, lo que permite cubrir las necesidades de cocción y preparación de alimentos, así como la generación de electricidad para iluminación tanto doméstica como urbana. Al mismo tiempo, permite recuperar las zonas de cultivo tan devastadas por siglos de siembra, y el suelo se enriquece dando más productividad.

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