Módulos fotovoltaicos

Los módulos fotovoltaicos o paneles solares fotovoltaicos están formados por celdas fotovoltaicas que producen electricidad a partir de la energía que recogen del sol. Estas placas a su vez puede dividirse en varias clases, como por ejemplo, las monocristalinas, cuya composición es básicamente de cristal de silicio, y tienen forma circular o hexagonal; las policristalinas, que están formadas por pequeñas partículas cristalizadas; y amorfas, que son en las que el silicio aún no está cristalizado. La efectividad de estas placas es mayor cuanto más grandes sean los cristales de silicio, aunque también influye su grosor, peso y coste. A este efecto, el rendimiento de las primeras alcanza un 20% más que las otras, aunque son mucho más caras y pesadas.

Su aparición tuvo lugar en un primer momento para uso de la industria aeroespacial, ya que son el medio más fiable para suministrar energía a un satélite o a una sonda espacial. Sin embargo, en los últimos años su uso se ha extendido al ámbito industrial y doméstico. Es más utilizada en pequeñas instalaciones o edificios de viviendas. También han sido utilizados experimentalmente para dar energía a los automóviles, y así, muchos yates y autos lo utilizan para cargar sus baterías lejos de la red eléctrica. Además, su uso está incentivado por muchos gobiernos, que ven en este método una forma de ahorro energético y de lucha contra el cambio climático; estos programas de subvención han acelerado enormemente las instalaciones de celdas fotovoltaicas en países como España, Alemania, Japón o EEUU.

En muchos lugares, esta forma de obtener energía eléctrica se está posicionando como una de las de mayor éxito, debido a varios factores: el avance en su producción e instalación, el avance tecnológico que se ha experimentado en el sector, aumentando su eficiencia, las economías de escala en este mercado, que crecen a un ritmo del 40% anual, y sobre todo, la subida de los precios de los combustibles fósiles. A esto se suma lo citado anteriormente, el hecho de que muchos gobiernos estén incentivando estas inversiones como forma de diversificar y aumentar las posibilidades tecnológicas existentes para crear una red eléctrica masiva. Por ello, la mayoría de instalaciones conectadas en red están motivadas por primas muy elevadas y ayudas a la producción, pagándose al productor del orden de cinco o seis veces el coste generado por las vías de producción eléctrica tradicionales, y también a través de incentivos fiscales.

Entre la multitud de aplicaciones que podemos encontrar para los módulos fotovoltaicos, se sitúa por ejemplo la electrificación de pueblos en áreas remotas, es decir, la electrificación rural, que se hace bastante difícil a veces por vías tradicionales, así como facilitar las instalaciones sanitarias en dichos lugares. También se aplica para sistemas de comunicaciones de emergencia, de vigilancia de datos ambientales y de calidad del agua. Otra aplicación es la colocación de boyas, balizas y faros para la navegación marítima, y en agricultura bombeo para sistemas de riego, agua potable en zonas rurales y abrevaderos para el ganado. Para las zonas costeras, se utiliza en el proceso de desalinización, y en el mundo ferroviario para la señalización. En zonas urbanas también es aprovechable esta energía como suministro para los parquímetros.

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